02
09

lápiz ocre oro claro

CASA ALTEA
ARQUITECTURA Y DISEÑO DE INTERIORES Y TERRAZAS
RESIDENCIAL | ALTEA | ESPAÑA
230 m2

Arquitectura y diseño de interiores y terrazas de un dúplex en la Costa Blanca que encuentra el Mediterráneo entre la roca y la bruma.

El proyecto reinterpreta la accidentada geografía del Cañón del Mascarat en la Costa Blanca sin recurrir a los tópicos marineros tradicionales. A través de una paleta de materiales de raíz local y un sistema flexible de paneles correderos, la vivienda se organiza como una secuencia de filtros que gradúan la luz y la privacidad sin perder el contacto con el paisaje mediterráneo.

Ubicado en el acantilado del Mascarat, en un punto donde la costa deja de ser una línea amable para convertirse en corte, pliegue y desfiladero vertical, este dúplex nace como un hogar suspendido frente al Mediterráneo. Y es que el Mascarat no es una playa convencional, sino un lugar de tensión entre la verticalidad mineral del Morro de Toix, la abertura inmensa del mar y la condición protegida de una cala encajada entre roca, agua y luz.

Por eso, el interior no busca reproducir un imaginario marinero literal, sin redes, sin anclas, sin azules obvios ni nostalgia costera. El objetivo es traducir la experiencia física del lugar: la roca estratificada, la sombra de los acantilados, la vibración del sol sobre la caliza, la brisa filtrada y la calma horizontal del horizonte. Así, este dúplex se entiende como una residencia de verano que decora, encuadra, tamiza y deja entrar al mar de forma controlada. En lugar de competir con la inmensidad exterior, la casa se recoge en una atmósfera cálida y serena, concebida como una cueva abierta al Mediterráneo.

 

Reinterpretación de la topografía del Mascarat en el interior

En Casa Altea, la orografía del lugar es fundamental. El Mascarat es una costa de contraste marcada por paredes verticales, barrancos y calas de piedra donde el propio topónimo se asocia a la idea de paso difícil, de territorio escarpado o, según lecturas populares, a la idea de piedra cortada. El diseño nace de ese análisis previo del entorno, una constante de la metodología del estudio para vincular la arquitectura al territorio tanto a nivel conceptual como visual. Desde ahí, el proyecto se explica como una traslación interior de esa geografía. Así, la madera listonada funciona como una lectura de las estrías del acantilado, apareciendo como una piel filtrante y casi geológica que introduce profundidad, sombra y ritmo.

La escala manual y mediterránea se introduce a través del mosaico bicolor de Hisbalit y la plaqueta verde de Nais, elementos cercanos a la cultura material del litoral levantino que construyen una sensación parecida a la producida por la luz fragmentada sobre la piedra. En la base de las estancias, un listón de madera recorre el espacio emulando la línea húmeda de la roca, ese punto donde el acantilado toca el agua y la materia se oscurece por la sal, la sombra y el roce del mar. El cromatismo general recurre a tonos ocres, arena, miel y maderas claras para reproducir la caliza caliente del entorno, los reflejos del sol bajo y la sequedad mineral de la Costa Blanca, mientras que las cortinas ligeras y los filtros textiles introducen la idea de bruma, de aire salino y de horizonte velado para convertir la luz exterior en una presencia habitable.

Una planta como mirador: filtros, vigilancia y paisaje

Casa Altea es concebida como un mirador suspendido frente a la orografía del Mascarat. Desde el acceso, la planta principal se libera y se orienta completamente hacia el paisaje. El hall, la cocina, el comedor y el salón se entienden como un único espacio continuo, una plataforma abierta que prolonga visualmente la vivienda hacia el acantilado, la terraza y el horizonte. De esta forma, la casa no se organiza de espaldas al exterior, sino que se deja atravesar por él, haciendo que la entrada sea el inicio de una secuencia visual hacia el mar.

Sin embargo, esta apertura no es absoluta. Se introduce un sistema de puertas correderas alistonadas de madera, realizadas a medida por Nomi, que actúa como filtro, velo y mecanismo de control. Estas piezas permiten graduar la relación entre las estancias, activando o desactivando las visiones directas y cruzadas. Así, la planta puede comportarse como un gran espacio unitario o fragmentarse en hasta cuatro ámbitos casi independientes: hall, cocina, comedor y salón, donde cada uno adquiere autonomía sin perder la conciencia del conjunto.

La casa funciona así como una arquitectura de miradas vigilantes donde los espacios se separan, pero no se aíslan; se tamizan, pero no se clausuran. Y es que las lamas permiten que la intimidad y la continuidad convivan en equilibrio, del mismo modo que el propio paisaje del Mascarat alterna aperturas, cortes, sombras y fugas hacia el horizonte.

Zonificación y perspectivas elevadas

La banda de dormitorios se dispone en la parte posterior del dúplex, en una posición más recogida y privada. Todas las habitaciones son dobles y construyen una franja de descanso protegida, alejada de la exposición directa del frente marítimo. Frente a la planta abierta y expansiva de día, esta zona posterior introduce una atmósfera más íntima, más contenida, casi excavada en la calma interior de la vivienda. De esta forma, el dormitorio principal vuelve a buscar la relación directa con la orografía para entenderse como una habitación-mirador, un lugar desde el que despertar frente a la roca, la luz y el mar. Su posición refuerza la importancia del paisaje dentro de la casa, integrando las vistas y el entorno de forma directa en la rutina diaria.

En la planta superior, el dúplex culmina con un pequeño despacho y una segunda terraza. Esta cota más alta introduce una nueva condición donde ya no se trata solo de mirar el mar desde la planta principal, sino de dominar el paisaje desde una posición elevada. El despacho se convierte en un espacio de concentración suspendido sobre el Mediterráneo, mientras que la terraza superior actúa como un último mirador, más íntimo y vigilante, desde donde la vivienda se asoma al punto más alto de su propia topografía.

 

Arquitectónicamente, el proyecto trabaja con una idea clara: hacer de la vivienda una secuencia de filtros entre el cuerpo y el paisaje. La madera alistonada, las puertas correderas, los textiles, la cerámica y los cambios de cota se presentan como herramientas para graduar la luz, la mirada, la privacidad y la relación con el exterior. Porque Casa Altea interpreta la geografía del Mascarat desde dentro. No habla de barcos ni de playa, sino de roca, sombra, horizonte y refugio. Una casa de verano entendida como un lugar para detenerse, mirar y descansar entre la verticalidad mineral del acantilado del Mascarat y la calma infinita del Mediterráneo.

selected press

Viruta-Lab_Perfil
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.